Viaje por el valle de Katmandú, Nepal día 1

9:00


¡Por fin iba a salir de la India!

Sin duda fue uno de los días más felices de mi vida, no veía el momento de que el taxi nos llevara al aeropuerto de Varanasi y coger el avión para ir, a mi ansiado Nepal.

Un país verde, gente afable, todo ordenado... ¡qué maravilla!

El camino al aeropuerto ya fue... alternativo, digamos que durante todo el trayecto fui pensando "ahora llegará a la carretera principal", porque fue todo el rato por caminos de cabras.

Veía imposible que la carretera que llevara al aeropuerto fuera así, porque si no... ¿cómo era el aeropuerto?

Pues contrariamente de lo que pensaba, moderno.

Después de los miles de controles de pasaporte y equipaje, una vez más, cogimos el vuelo que haría escala primero en Delhi y luego a Katmandú.


El vuelo llegaba a las 23,30 a Katmandú, y eso era algo que me preocupaba para no variar.

Llegar a un país desconocido, tan tarde... pero estaba tranquila porque el hotel lo había buscado muy cerca del aeropuerto y para que el trayecto a esas horas fuera el mínimo posible.

Estaba feliz, feliz de llegar al aeropuerto en el que tantos expedicionarios habían llegado, feliz de llegar al país que siempre había querido ir, de ver esas montañas...

Ese día, dejé de escribir el diario que había estado redactando durante todo el viaje...

La situación me sobrepasó.

Lo primero que quise fue cambiar dinero al llegar, el garito seguía abierto. Me lo cambiaron aunque el problema vino cuando les pedí el recibo... las objeciones que recibimos ya auguraban lo que a partir de ahí, iba a ser Nepal.

Salimos fuera en búsqueda de un taxi que nos llevara, pero aquello parecía una manifestación de tanta gente que se agolpaba y que nos pedía verdaderas fortunas.

Fuimos directas al cubículo de los taxis... cerrado, no quedaba otra, teníamos que "hablarlo" con ellos directamente.

Discusiones, idas, venidas... me sentí bastante violentada en general. Realmente no sabía que hacer.

Teníamos que ir hasta Bhaktapur, que estaba a tan solo 12km., pero entre las cantidades abusivas que nos pedían y que en muchos momentos hacían ver que no sabían donde estaba el pueblo...

Y tenía que ser un pueblo importante, porque sí que recordaba haberlo mirado en Google Maps y las letras eran grandes, lo que significaba que algo importante había.

Está claro que prepararse un viaje así, tan de improviso... había sido un error, o no, porque teníamos "sorpresas" a cada paso.

Finalmente acordamos precio con un taxista, y le pregunté muchas veces si sabía cuál era el hotel. La respuesta siempre era sí.

Carretera y más carretera hasta que llegamos a un pueblo que parecía totalmente abandonado. Sentí miedo.

Era imposible, no recordaba haber reservado en medio de la nada, tenía muy buenas críticas.

Subíamos y bajábamos por caminos de cabras y allí no se veía nada... aquel hombre no dejaba de hablar. Le dije que si no sabía donde estaba, nos llevara de vuelta al aeropuerto.

No quería, seguía dando vueltas y vueltas sin saber donde íbamos.

Él no llevaba móvil, por lo que tampoco podía llamar al hotel para que nos indicaran y ya era la 1h. Y yo me había quedado sin batería.

Parecía borracho. Horas más tarde mi hermana me confesó que había pasado miedo, era la primera vez.

Volvió a la carretera "principal" y encontró un coche parado en el arcén, se paró, había alguien durmiendo dentro. Lo despertó.

Según nos dijo, era un amigo suyo, aunque realmente no parecía que se conocieran de nada. Le pidió el móvil y llamó al hotel. Le dijeron donde estaba ubicado y que nos esperarían en la calle para acompañarnos.


Parecía que el fin estaba cerca, no me lo podía creer.

Volvimos al pueblo abandonado, no entendía nada. Después de conducir a través de calles super estrechas llegamos a una especie de plaza, allí no había nadie.

Empezó a pitar y pitar con el coche, pero nada. Madre mía.

De pronto aparecieron dos chicos jovencitos, vi la luz.

Pagamos al taxista que por supuesto se quejó, después de todo el rato que había estado dando vueltas (por su culpa por supuesto), pero me di la vuelta sin reparar en sus palabras, después de lo mal que me lo había hecho pasar.

Los chicos del hotel eran majísimos, pero aún no entendía que hacíamos en un pueblo abandonado. Nos llevaron al hotel, nos mostraron la habitación y nos contaron las novedades...

No hay agua caliente y luz, solo unas 6 horas al día y de madrugada.

Ya en la cama y dentro del saco, ¡qué frío hacía!, nos dió un ataque de risa. Bienvenidas a la idílica Nepal.

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2 comentarios

  1. Ay por Dios!! Esta parte del viaje no me la habías contado. Con lo cagona que soy, me habría dado un soponcio metida en ese taxi jajaja.

    No sé si estoy impaciente o asustada por leer tu crónica del día 2 :P

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  2. Madre de Dios! Si es que a veces no sabemos dónde nos metemos pero cómo lo ibas a saber..en fin. Esperemos que el resto del viaje no haya sido tan traumático.

    beso grande

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