Diario de viaje a Chicago parte I

9:00


Acojonada, así con esta palabra creo que puedo empezar mi mini aventura.

La primera vez que llegué a Nueva York, ahora hace ya 10 años, dije que me quedaba. Era una época en la que todavía era joven y tenía un poco de margen de maniobra, por llamarlo de alguna manera.

Pero escuché a quien no debía, que me dijo que mejor que esperara.

Había una película de Gwyneth Paltrow, Dos vidas en un instante, como cambia una vida en función de la decisión que tomas. Que hubiera sido de ti si hubieras ido a la derecha, o a la izquierda.

A estas alturas es casi mejor no pensarlo, pero si el cerebro humano es maligno, el corazón lo es más, por lo que no puedo dejar de pensar que hubiera sido de mí, sino hubiera hecho caso.

Esta vez hice caso a mi corazón, que no a la razón. Tenía una espina clavada, y aunque va a costar sacarla en tan solo 24 días, mejor eso que nada. Como siempre digo, necesito vivir la ciudad sin prisas, ir al supermercado, sentarme en una esquina, tener tiempo para tirarme en el césped de Central Park… la oferta de esta ciudad es ilimitada, tanto o más que yo de exigente.

Barcelona-Roma-Chicago.


Las 6,25 de la mañana y sin dormir, así empieza el viaje. Soy partidaria de no dormir la noche de antes en los vuelos largos. Por muy acostumbrada que se esté al avión, creo que ese ay! no nos abandona nunca.

Hay gente que se medica, que bebe, que está indiferente, o como yo, que piensa que si algo falla, no estará sola en el momento en el que se estrelle. Cada uno busca su técnica, y yo como no soy creyente, me aferro a la vida de los demás.

Así que lo dicho, mejor intentar dormir lo máximo posible.

En Roma a parte de mucho italiano, tuve que hacer una parada técnica en el tocador, por llamarlo de una manera fina. Cargadísima que iba, e ilusa de mi, pensando que lo tenía todo bajo control, me dejé la cartera con el dinero, pasaporte y demás, en el lavabo.

La primera vez en mi vida que esto me pasa. Bueno miento, que en la NYFashion Week, me dejé el Iphone en una mesa.

Este tipo de sucesos para una persona como yo, que siempre lo tiene todo bajo control, o eso pensaba, provocan un estado de angustia de un nivel elevado. Pero supongo que todo esto es un efecto colateral de hacerse mayor, o al menos, últimamente todo lo achaco a ello.


Por suerte, logré darme cuenta 5 minutos después y sin aire volví corriendo al “tocador” y asalté a la señora que en ese momento se encontraba en su interior. Ahí estaba todavía.

Toda mi vida pasó en esos instantes, ya me veía sin dinero, parada en el aeropuerto de Roma por no llevar pasaporte, perdiendo el vuelo… o sea, todo negativo, nada positivo.

Después de casi 11 horas de vuelo interminables, llego a Chicago.

El policía de control de pasaporte, simpático, ya me preguntó si es que tenía novio en Nueva York. Ay si supiera… si me comporto medio psicópata sin tener sapo, no me quiero imaginar lo que sería de mi, ya no teniendo novio, sino teniendo churri con piso en la city.

Una odisea para salir de ese aeropuerto, mala indicación, sin servicio de atención… una vida me costó encontrar el metro que me llevara a la ciudad.

Registro en el hostel, y a la calle a ver Chicago.

Empecé por lo que me caía más cerca, el Millenium Park. Solo llegar me encontré con lo que más me gusta, la exaltación de la cultura americana, una boda. Una novia con sus tropecientas damas de honor uniformadas haciendo el paripé.


Luego una ve esas fotos y piensa “que estupendas”, pues ahí estaban, tan “naturales” sin saber ellas que pasarían a formar parte del legado fotográfico, que futuras casaderas desearían para sus bodas.

Pero a falta de una, fueron 2. La otra más hispana, en medio del parque, en petit comité, con sillas, guitarra y ranchera hispana, muy yanqui vaya.


El paseo continuó dirección hacia donde me llevaba mi oído. Oía música alta, veía mucha gente con sillas, neveras y demás enseres típicos de los años 60 en España. Si es que en el fondo, no estamos tan lejos.

El Chicago Blues Festival, mega recinto, con miles de personas tiradas por el césped, disfrutando de la tostanera y de la música negra. Aquello era la versión off de la misa góspel de los domingos. Como me iban las señoras, aleluya! Eran tan auténticas que más de una mirada indiscreta se llevaron por mi parte.


Así que no pude hacer otra cosa que sentarme junto a ellos y observarlos, más que disfrutar de la música. Al fin y al cabo es mi máxima en este viaje, disfrutar de la vida yanqui.

Pasado un rato prudencial, llego el momento de dirigirme al Navy Pier. Un lugar lleno de atracciones y restaurantes que había sido una antigua base militar, durante la II guerra mundial.

Dilema, que ceno? No llevaba ni 12 horas y ya estaba siendo un problema. Solo ver tanto frito y carne, ya me estaba poniendo mal. Es cierto eso que dicen que no le dan la importancia que se merece a la comida. Quieren alimento rápido, sin disfrutar de el.


No hubo otra que una ensalada del McDonald’s, la primera de mi vida.

Esperando los fuegos artificiales se me había hecho más tarde de lo que en un principio tenía previsto, y además, en la otra punta de la ciudad que estaba estaba. En una sola tarde había solventado casi ¼ parte de la operación trikini, y es que la vida del turista es dura. Bus a ciegas, que me deje donde quiera pero lejos de ahí.

Por suerte la 1ª noche fue superada con éxito, nadie roncó ni se despertó antes de tiempo


Continuará...

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3 comentarios

  1. Me encanta esta aventura, confieso que me has ganado con la referencia a la peli Dos vidas en un instante, yo también me he planteado muchas veces que sería de mi si...

    Pero bueno, ahora pienso que habría sido de ti si no hubieras recuperado tu cartera con todo, nunca me ha pasado pero tengo amigos que si y siempre recuerdan los viajes en cuestión por al odisea de documentos y demás... me alegro que tu historia acabara bien...

    Espero próximas entregas, no tardes!

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    Respuestas
    1. creo que esa película la tenemos presente la mayoría en cada paso que damos, ay que ver como puede cambiarte la vida de tomar una decisión u otra.

      la semana que viene más!

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  2. Cómo me gusta Chicago!
    Guardo tantos buenos recuerdos de esa ciudad... Los paseos por el Navy Pier, las copas en The Signature Lounge at the 96th, los conciertos en el Millenium park, su gente amable, sus deep dish pizzas, y aún me quedé con la espinita de no ver un partido de los Chicago Bulls! Me gusta el baloncesto y allí debe ser impresionante!!!!

    Esperando con ansia esa segunda parte :D

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