Diario de viaje a Maldivas - Día 5

11:47


A las 5,30h me sonó el despertador.

No habíamos quedado hasta las 6h pero tenía que ponerme las lentillas y recién levantada, tengo los ojos muy pegados y me es imposible.

Muerta de sueño finalmente salí de la habitación a las 5,55h dirección a recepción que es dónde habíamos quedado. Madre mía, estaba oscuro como el cerote.

Mientras caminaba solo pensaba una cosa, esto tiene que ser ilegal, seguro estamos infringiendo alguna ley.

Siempre he sido más de mañana que de noche, pero es que ¡esto es noche noche!

Cuando llegué a recepción lo poco que mi cerebro pensó, es que era demasiado de noche para sumergirse y que vale, vamos a ver amanecer bajo el agua… pero el sol por el momento no tenía demasiada intención de levantarse a corto plazo.

Así que fui al mostrador de recepción miré los relojes mundiales, la mayoría indicaban la 1h. No podía ser.

El último marcaba las 5h de la mañana. Vale, eso me cuadraba más.

Le pregunté al muchacho a qué hora amanecía y me confirmó lo que imaginaba, quedaba una hora para amanecer. Y me empecé a reir como una tonta, y el más claro.

El día anterior habíamos llegado de Kuredu, donde era una hora más (aquí va un poco así, libertad de "horarios"), y como son islas perdidas la localización del móvil es como si no existiera, así que puse la hora manual.

Y claro… se me olvidó cambiarla al llegar a Vilamendhoo, lo que ha significado que el despertador en realidad sonara a las 4,30h en vez de a las 5,30h. Qué desastre.

Me metí en el lavabo para no hacer ruido y despertar a Meritxell, y aproveché el tiempo que tenía para escribir. No hay mal que por bien no venga ;)

A las 6h finalmente salimos a hacer snorkel, y comenzamos desde la zona de las water villas, la parte que tiene el coral más espectacular.

La verdad es que es cierto que a primera hora de la mañana la luz que entra dentro del agua es intensa y muy bonita. Sin duda valió la pena el super madrugón.

De todas maneras, aunque hubiera sido más o menos bonita que el día anterior, no me cansaría de ver mil y una veces ese fondo… qué maravilla.

De vuelta a una ducha rápida, porque teníamos que desayunar y a las 9h partíamos con el barco en busca del tiburón ballena, en la zona sur del atolón, donde está la reserva natural.

1,15h de barco que nos permitió ver de mucho más cerca otras islas por las que íbamos pasando y disfrutar de la belleza del agua de turquesas infinitos.

La llegada a la reserva no fue como había imaginado.

Fácilmente divisamos dónde podía haber un tiburón ballena, porque había muchos barcos alrededor del lugar y aún más gente en el agua moviéndose al unísono.

Me tiré y rápidamente le vi. Qué impresión. Qué grande.

Al contrario de lo que había imaginado, no sentí miedo en ningún momento, era tal la belleza del animal que solo podía mirarlo y verlo mover mientras decenas de personas lo perseguían.

Me supo muy mal, porque no era eso lo que quería aunque yo también fuera uno de ellos.

Así que me limité a verlo pasar frente a mí cuando se acercó de caras y pasó a poco más de 2 metros y lo dejé ir… no fui tras él.

Aquello me parecía demasiado. Ya lo había visto y no creía necesario pegarme tortas con otra gente para perseguirlo.

Volvimos a subir al barco y poco más lejos, de nuevo nos tiramos al agua para ver a otro ejemplar. Pero de igual manera no estuve más de un par de minutos dentro del agua.

De vuelta al barco solo nos quedaba disfrutar de las fotos que habíamos hecho.

El regreso a Vilamendhoo fue muy largo y yo estaba agotada, así que me pasé casi todo el trayecto durmiendo de nuevo.

Corriendo fuimos a la ducha de nuevo (nunca me he duchado tantas veces en un día), comida y rápido hacia al spa porque teníamos hora a las 14,30 para un masaje.

Y si hay que correr para un masaje… se corre.

Finalmente elegí el masaje balinés, me gustan flojitos y además después de tantos días intensos por aquí, me apetecía relajarme e incluso dormirme mientras lo disfrutaba.

Me puse boca abajo en la camilla y solo me quedaba disfrutar del agua, ya que justo en el suelo, había un vidrio que te dejaba ver los peces pasando frente a ti mientras te masajean.

Atontadas perdidas nos levantamos, vaya, lo que era de esperar, ¡qué corta se hizo la hora!

Pasamos a la zona de descanso y ya desde ahí, vimos venir los nubarrones negros de lejos, lo que no esperábamos es que llegara tan rápido hasta donde estábamos.

En menos de 5 minutos estaba cayendo la tormenta del siglo, madre mía.

Qué pena me dio no llevar puesto el bikini, porque me hubiera encantado mojarme hasta el infinito y meterme en ese momento en el agua.

Aún el viento y la lluvia, las vistas de la isla seguían siendo igual de impresionantes desde el spa.

Cuando paró de llover salí del spa y volví a la habitación, a las 17,45h habíamos quedado para hacer snorkel nocturno con flúor, y tampoco me quedaba mucho tiempo libre.

Así que fuí a ponerme el bikini, coger las aletas, gafas y directa al centro de buceo.

¿Qué posibilidades hay de encontrarte a un chino granaíno en una isla perdida en Maldivas?

Pues si había un mínimo porcentaje, nosotras dimos con él.

Antes de comenzar la actividad empezó a explicarnos lo que íbamos a hacer.

El snorkel con fluor hasta hace un año, era algo que solo los investigadores practicaban, y lo hacen para saber si el coral está vivo o no.

El coral vivo tiene una proteína en su interior que cuando se la ilumina con una luz fluor azul, reacciona, y provoca que el coral se convierta en fosforito y brille en la oscuridad. Eso fue lo que nos explicó.

Pero además para verlo, debes llevar puestas una mascara con un filtro como anaranjado porque sino, no es perceptible.

Así que cuando llegó la noche nos metimos en el agua por la zona norte de la isla.

En esta ocasión Meritxell venía con nosotras, para ella esta era una de las primeras veces que hacía snorkel e iba ataviada con aletas, tubo… así que avisamos al instructor de que debía estar pendiente de ella. Por su seguridad y por el coral.

Cuando llegamos al punto de meternos en el agua empezamos a nadar hacia una de las entradas.

El arrecife rodea casi toda la isla y al estar tan cerca de la orilla, no se puede entrar por donde uno quiere. Así que para proteger la barrera hay una entradas/salidas marcadas que obligatoriamente debes seguir.

Pues bien… nos perdimos 3 veces.

El instructor no encontraba la salida, cada vez acabábamos rodeadas de coral que estaba prácticamente en la superficie y lo estábamos rozando (a no más de un palmo), yo super nerviosa porque soy excesivamente protectora con el coral y el mero hecho de romper una punta me horroriza… fue una situación muy complicada.

Él como instructor y teóricamente como conocedor de la isla, debería haber venido preparado o sino, haber chequeado primero el camino y a posteriori habernos llamado, evitando no solo situaciones de riesgo con la barrera sino también por supuesto con nosotras.

El resultado final fue un cabreo general, lesiones bastantes profundas en las rodillas por el coral (yo fui la única que no sufrió ni un rasguño), y Meritxell muy agobiada que quería irse de allí…

A la tercera encontramos la entrada y logramos convencer a Meritxell que se quedara.

Yo iba ataviada con la gopro, 2 linternas de fluor y viendo lo nerviosa que Meri estaba, decidí cogerla por el brazo y acompañarla durante todo el camino. Imaginaba que si la ayudaba a nadar y le marcaba un poco el ritmo, ella estaría más tranquila, y yo también… porque no es fácil hacer snorkel cuando sabes que estás con alguien que está pasando un mal rato.

A parte de ese “pequeño” percance, fue increíble ver el coral en colores fluorescentes azulados y lilas, muy muy bonito.

Lo que me entristeció mucho, fue el descubrir que era una minoría solo el que se iluminaba, lo que se traducía en que la mayoría del coral que hay en el arrecife está muerto.

Aún así el fondo es preciosísimo, pero no tiene vida en su interior.

Una pena que el cambio climático y la mano humana, esté haciendo tanto daño en el fondo marino.

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