Diario de viaje a Maldivas 2016 - días 6 y 7

11:04


Un lunes no puede empezar mejor cuando sabes que vas a ir a pasar el día a un banco de arena.

Si unos días atrás teníamos la suerte de vivir una experiencia Robinson en una isla desierta, ahora tocaba estar en una isla en medio de la nada donde lo único que había era arena.

Y sí, existen.

La verdad es que es una experiencia muy curiosa, todo hay que decir que tres personas del resort nos acompañaron, nos montaron una mini carpa para que pudiéramos refugiarnos del sol, nos trajeron fruta cortadita, bebidas frescas, ¡cerveza!, sándwiches… ¡si es que no se le podía pedir nada más a la vida!

Quisimos ver el coral de la isla pero la verdad, es que la corriente era fuertísima y estaba bastante destrozado todo, una pena, porque desmerecía mucho el lugar.


Estuvimos unas tres horas y luego regresamos al resort dispuestos a comer.

Tuvimos unas horas de descanso pero no mucho, porque a las 18,30h debíamos estar listos porque íbamos a irnos de pesca.

Sinceramente, pescar me aburre mucho, pero es toda una experiencia ir por el Índico a pescar, así que todo es probarlo.

Salimos en un barco muy grande, la tripulación ya estaba partiendo el atún cuando subimos y al alcanzar alta mar, nos dieron hilo para pescar con el anzuelo y un trozo de atún.


Previamente nos habían dado instrucciones de cómo debíamos hacerla, sobre todo para evitar que nadie se cortara con el hilo tan fino al intentar tirar.

Mi hermana es pescadora habitual, pero esta iba a ser su primera vez sin caña… así que estábamos a la expectativa.

Nos pusimos todos en la proa del barco, era mucho mejor por las vistas, tenía asientos… somos unos comodones en realidad. La mayoría cogieron el rulo con el trozo de atún, ¡y al agua!

Al poco tiempo oímos como una parejita joven de origen chino empezaban a vitorear su primera pieza, habían cogido una barracuda enorme. Habían subido al barco y dábamos poco por ellos, ¡y ya habían pescado!


El tema fue que no pararon en las casi 2 horas que estuvimos allí, flipábamos porque a nosotros tan solo se nos comían el anzuelo. Pero no importó, porque era noche de super luna, hacía 70 años que la luna no se veía tan grande, así que también teníamos nuestro premio.


De noche, en medio del mar, buena compañía y una súper luna, no podía acabar el día mejor.

El último día en Vabbinfaru empezó de nuevo muy temprano, quedamos cuatro de nosotros para ir a hacer snorkel de nuevo por otra zona del arrecife que no conocíamos.

Empezamos a nadar de nuevo contra corriente y aunque era muy duro, el fondo marino era espectacular. Vimos de nuevo de todo, tortugas, tubirones, pez globo ¡y hasta un pulpo!

Hasta que levanté la cabeza y me di cuenta que estábamos en medio de la nada, más cerca de la isla vecina que de la nuestra. Íbamos nadando siguiendo la curva del arrecife, y no nos habíamos percatado que se había metido en medio del mar.

En situación normal no me preocuparía, pero hacía poco habíamos desayunado, estábamos solos los 4, la corriente era fuerte, y si algo ocurriera, era difícil reaccionar o avisar a alguien. Así que después de hablarlo, decidimos volver.


Como es imposible quedarnos quietos ya que queremos aprovechar hasta el último segundo, decidimos pasar al paddle surf o paddle board como lo llaman aquí.

Tan solo tenían una tabla, ya que al tratarse de algo tan nuevo, todavía lo estaban testeando a ver si los clientes lo demandaban.

Así que nos fuimos turnando la tabla, unos aguantaron más que otros… yo nunca antes lo había probado pero no sé porqué, sabía que podría.

Así que me monté y conseguí ponerme en pie sin caerme y no solo eso, mantenerme durante un rato. ¡Qué difícil es girar sobre la tabla! La verdad es que me encantó, así que espero poder volver a repetir bien pronto.


Cuando acabamos dimos la vuelta a la isla caminando ya que todavía no lo habíamos hecho y a partir de ahí, decidimos separarnos y que cada uno fuera por libre. Nosotras aprovechamos para tomar el sol, hacer fotos y vaguear un rato, que ya tocaba.

Ese último día teníamos programado un sunset cruise con champagne y canapes, un buen plan. La lástima es que estaba nublado así que no pudimos disfrutar de la puesta de sol, pero que nos quiten lo bailado, estar sobre un barco disfrutando de unas buenas vitas con una copa de champagne, no tiene precio.

Noche de hacer maletas que al día siguiente partíamos hacia nuestro último destino a las 11h de la mañana.

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