Diario de viaje a Maldivas 2016 - día 3 y 4

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La mañana siguiente empezó muy temprano, teníamos que estar a las 9,30h en el centro de buceo ya que tocaba ir a saludar a mi amigo el tiburón ballena.

El año pasado cuando estuve por aquí ya tuve la suerte de verlo a la primera, mucha gente hace esta excursión y como es normal, no te garantizan que pagues y puedas verlo… pero nosotros tuvimos la suerte de nuestra parte.

En esta ocasión nos encontrábamos a una hora de camino en lancha, teníamos que ir hasta South Ari Toll, una de las zonas de Maldivas que cuenta con estos ejemplares debido a que sus aguas son ricas en plancton, comida del tiburón ballena.

Llegamos a las 9,30h y el chico ya nos dijo que deberíamos haber partido a las 9h, que íbamos tarde y que nos íbamos a encontrar con demasiada gente… empezaba la cosa mal.


Porque esa es otra cosa, tú llegas, nadie te garantiza que lo vayas a ver y además, te encuentras con 100 personas más en tu misma situación persiguiendo al pobre animal. Una situación la verdad muy desagradable.

Así que cruzando los dedos, partimos ya que teníamos una hora de camino por delante.

Al llegar, el guía ya empezó a mirar por la zona y nos hizo que nos preparamos porque una vez avistado, todo iba a ir muy deprisa ya que deberíamos saltar al agua a toda prisa porque aunque es un animal que puede llegar a medir 12 metros, sus aletas tienen mucha fuerza y nada muy deprisa.

Así que imagínate, estaba muy nerviosa, con la mascara puesta, ansiando escuchar en cualquier momento ¡todo el mundo al agua!

Y ahí que fui corriendo, estábamos solos, el resto de barcos que habían ido a la zona estaban lejos y era todo para nosotros.

No lo dudé un momento, lo vi y me impresionó como la primero vez, empecé a nadar a toda prisa, con la GoPro en la mano hasta situarme a su lado izquierdo.

Perdí a todo el grupo, no sabía donde estaban pero yo solo pensaba en ir bien a su lado y poderlo contemplar el máximo de tiempo posible.


Estaba muy emocionada, asustada, con ganas de llorar… sé que es herbívoro, pero impresiona, es MUY grande… pero aún así yo no paraba de aletear.

Quise llegar a pasarle por delante para poderlo ver de frente, pero no me atreví, me daba mucha impresión. Así que lo máximo que nadé fue hasta la altura de los ojos con un nudo en la garganta por la suerte que había tenido.

En ese momento oí al guía gritar y paré, sabía que llevaba mucho tiempo nadando y que el resto debían estar muy atrás, y así había sido.

Hubiera continuado pero no importaba, no le podía pedir más a ese día.

De nuevo subimos al barco, la mayoría únicamente lo vieron de lejos así que intentamos encontrarlo de nuevo pero sin suerte. No siempre nadan cerca de la superficie, cuando se cansan o se asustan, se meten en lo más profundo del agua y es muy difícil encontrarlos entonces.

Así que después de un rato de dar vueltas desistimos, era ya casi el mediodía y era hora de hacer el picnic.

Nos habían dicho que nos pararíamos en una isla, lo que no sabíamos era qué tipo de isla iba a ser.

Nos fuimos aproximando a una isla súper mini, de esa que suele haber en las postales, aguas de diferentes tonos de turquesa, arena blanca y palmeras en el centro, ¿en serio era ahí donde íbamos a comer?


Flipamos en colores, ¡qué bonita!

Corriendo nos bajamos del barco, nadamos hacia la isla, tenia que tocarla, saltar, sentirla… era alucinante, nunca hubiera imaginado que iba a llegar a estar en una.

Nos hicimos cientos de fotos y una y otra vez repetimos lo afortunados que éramos, un sueño para muchos, una realidad para unos pocos.


Volvímos de regreso al resort con muy buen sabor de boca, no podíamos pedir nada más.

La mañana siguiente no iba a ser menos excitante, y es que el año pasado después de venir por primera vez aquí, nos comentaron que para los clientes que lo deseaban, la mayoría de resorts ofrecían la experiencia Robinson.

Y a mí aquello me quedó, de pequeña había sido una gran fan de la serie La familia Robinson, que vivía en una isla desierta en una casita en los arboles, y yo quería vivirlo aunque fuera por unas horas.

Eso sí, lo nuestro iba a ser una experiencia muy “señorita”: nos habían preparado 2 neveras grandes con bebidas, refrescos, una con comida y una cesta de picnic llena de platos vasos, cubiertos… y hasta un teléfono móvil por si teníamos alguna emergencia o queríamos nos vinieran a buscar antes, así que íbamos a hacer muy poco el naufrago.

La isla en cuestión se encontraba a 20 minutos del resort, y nos explicaron que la utilizan para bodas, así que no debía estar nada mal.

Nos volvió a pasar lo mismo que el día anterior, la vimos de lejos sin saber que esa era la isla y pensamos que era una pasada y justo en ese momento, nos dijeron que esa era la isla donde nos iban a dejar.


Sufríamos por la sombra, porque el calor ese día era importante, pero por suerte al llegar la sombra de las palmeras era grande y agradable.

Nos metimos rápidamente en el agua y alucinábamos desde ahí con la isla, el agua, ¡estar solos!, y en ese momento supimos que no íbamos a volver antes, sino que apuraríamos hasta el último minuto allí.

Nos reímos muchísimo dentro del agua con la situación que estábamos viviendo, 10 náufragos con teléfono de emergencia, platos, cubiertos… todo muy irreal.


Al poco salimos del agua y dispusimos a recorrer la isla toda a pie, para poderla admirar bien. Qué vistas. Qué bonita era.

En uno de los extremos de la isla se veía perfectamente el coral que había bajo el agua, así que al regresar del paseo, mi hermana y yo no dudamos en coger las gafas y aletas para ir a explorar la zona.


Estábamos cansadas, hacía mucho calor, pero no importaba, nos gusta tanto el fondo marino que todo pasaba a un 2º lugar.

La marea estaba muy baja y era difícil nadar por encima del coral sin correr el riesgo de romperlo, somos muy respetuosas con ello, así que preferimos bordearlo.

Hicimos media isla buceando, nos parábamos a cada paso para comentar lo que veíamos, nos chillábamos cuando veíamos algo chulo y así avisarnos entre nosotras… había unas piezas de coral maravillosas y enteras, que es muy importante.

Habíamos dejado al grupo hacía rato y entonces, ya tenían intención de comenzar a comer. No debía quedar mucho ya tampoco para que nos recogieran, así que decidimos volver.

Al regresar ya habían comido, así que comimos nosotras y cuando acabamos, pasamos los últimos minutos en nuestra isla desierta dentro del agua.

Eran las 17h cuando regresábamos al resort, y a lo largo del día ya había hecho la broma de que iba a picar a nuestros vecinos de las villas para pedirles que me prestaran un flotador gigante con forma de cisne rosa.

Se rieron y me retaron, querían ver como les pedía a los vecinos chinos que me prestaran el hinchable.

Pero en el momento de llegar vimos a uno de los hinchables que había en las villas solo sobre el agua. No parecían estar los dueños por allí… así que era nuestro momento.

Vamos ¡vamos! Isabel y yo nos cambiamos y fuimos nadando hacia el cisne, teníamos al resto del grupo preparados con las cámaras de fotos para hacernos la foto de rigor.


Qué risas, no había manera de subirnos sobre el cisne ¡cómo resbalaba! Y claro, estábamos nerviosas porque en cualquier momento podía venir alguien… bueno en realidad estábamos a la vista de todo el mundo, pero nos importaba más que nos vieran los dueños claro.

Hasta que por un lado del balcón de la villa, después de resbalarme unas cuantas veces muerta de risa porque no había manera de subirme al cisne, vi un pie de una persona, así que me tiré al agua enseguida y salimos zumbando de allí antes que nos llamaran la atención, ¡pero ya nos llevábamos el “botín”!


Al llegar a la habitación, todo y que estábamos agotadas, mi hermana y yo nos fuimos al arrecife de las villas que teníamos a tan solo unos metros. No queríamos irnos de allí sin ir a verlo.

Sinceramente, después del día que fuimos en el barco a ver el arrecife, no tenia muchas esperanzas que en esta zona fuera mucho mejor… pero había que verlo.

De pronto y a muy poca profundidad, empezamos a ver flores de coral enteras, preciosas, cientos de peces de todos tipos, enormes y muy pequeños y nos entusiasmamos.

Durante largo rato bordeamos por la parte interior el arrecife, ya que la marea estaba muy baja y era imposible atravesar el coral sin correr el riesgo de romper nada.

Así que después de más de una hora, desistimos y volvimos a la habitación con la vista puesta, de repetirlo a la mañana siguiente bien temprano, antes de partir a nuestro siguiente destino.

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