Diario de viaje a la Laponia finesa parte V

9:00

Papá Noel vive en la Laponia. Creo a estas alturas a nadie le queda duda sobre ello. Y yo, después de escribirle tantas y tantas cartas estos años, no podía desaprovechar la oportunidad de conocerlo en persona.

Alquilamos un mini bus que nos recogió en nuestra casita de troncos, y nos llevó a nosotros y al virus estomacal dirección a Rovaniemi.

Aquel trayecto creo que marcará un antes y un después en nuestras vidas, y es que la mujer lapona es una mujer curtida y con carácter que tanto puede frenar de repente para dejar pasar a mamá reno y sus bebitos, deshacerse de líquidos varios o entender a la voz de grito que,

¡Santa doesn't live here!

Viaje a la Laponia finesa parte V

Habíamos llegado a la casa errónea, y T., aquella misma que os comenté tomaba Malibú con piña y se dejaba rescatar por un fornido hombreton montado en moto de nieve con tal de no bajar una pista de ski, le comunicaba con firmeza el error que había cometido, desatando las carcajadas entre nosotros.

Entre emoción y risa tonta, llegaba nuestro esperado momento, el cual fue tal y como lo había imaginado, como en un cuento.

Es genial ver que aunque los años pasen, no se pierde la ilusión.


Después de una emocionante mañana y ya, de vuelta en Ylläs, aprovechamos para dar un paseo por el pueblo... bueno, más que pueblo eran casas diseminadas y algunas tiendas, por donde corrían gentes ataviadas con trajes típicos de la zona y renos blancos.

Todo aquello que una vez imaginaba, no formaba parte solo de un tópico, sino de costumbres que todavía perduran y que por ahora por suerte, poco ha modificado el turismo.


Muchas risas, juegos, fiesta, ski, emoción, ilusión... con pena abandonábamos nuestra casita para hacer de nuevo, un largo recorrido en tren de vuelta a Helsinki.

Sin duda este ha sido sino el mejor viaje que he hecho, uno de los mejores. Si la compañía es fundamental, el añadirle haber podido cumplir el sueño de visitar esa recóndita parte del mundo en una de sus épocas más bonitas, y que encima, no te decepcione lo más mínimo, le da más sentido a mi filosofía de vida, vivir para viajar.


¿Os animáis a visitar la Laponia?

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